Viajar durante el Erasmus: cómo aprovecharlo sin arruinarte
Casi todo el mundo se va de Erasmus pensando que va a viajar muchísimo. Y casi todo el mundo viaja bastante menos de lo que había imaginado.
No es por dinero, o no solo. Es que nueve meses parecen eternos en septiembre y resulta que no lo son: octubre se va en instalarse, en diciembre te vuelves a casa, enero es de exámenes, y cuando quieres darte cuenta estás en abril calculando cuántos fines de semana quedan. Los que sí viajan mucho no son los que más presupuesto tienen: son los que se organizaron antes.
Esta guía va de eso.
El calendario real, no el que te imaginas
Haz la cuenta al llegar, aunque duela. De los nueve meses:
- Las dos primeras semanas no las uses para viajar. Estás buscando piso, peleándote con la matrícula y conociendo gente; irte entonces es perderte justo lo que hace que el resto funcione.
- Diciembre y enero desaparecen entre volver a casa por Navidad y los exámenes.
- La última semana también: te toca vaciar el piso, despedirte y encontrar quien te guarde la maleta.
Te quedan, siendo realista, unos veinte fines de semana y dos o tres huecos largos. Eso es lo que hay, y saberlo en octubre cambia por completo lo que haces con ello.
Reserva los viajes largos en octubre, no en marzo
El error más caro del Erasmus es dejar los viajes grandes para el final. Los vuelos de primavera se disparan, todo el mundo tiene la misma idea a la vez, y los alojamientos baratos de las ciudades que te apetecen llevan meses llenos.
Si sabes que quieres ir a Marruecos, a Laponia o a Budapest, decídelo en octubre y resérvalo en octubre, aunque el viaje sea en marzo. Es la misma diferencia de precio que entre un fin de semana y tres.
Y hay un motivo mejor que el dinero: un viaje reservado existe. Un viaje "que tenemos que hacer algún día" no se hace nunca, y esa frase es la que más se repite en cualquier piso de Erasmus.
Con quién: el momento importa más de lo que parece
Las primeras tres o cuatro semanas todo el mundo es amigo de todo el mundo. A partir del segundo mes los grupos ya están hechos y entrar en uno cuesta más.
Eso tiene una consecuencia práctica: si quieres viajar con gente, propónlo pronto. No porque después no puedas, sino porque en octubre cualquiera se apunta a cualquier cosa y en febrero cada grupo ya tiene sus planes.
Y una advertencia que te ahorrará un mal viaje: que alguien sea divertidísimo en una fiesta no dice nada de cómo es viajando. Lo que rompe grupos no es caerse mal, es el ritmo —quien se levanta a las siete y quien entiende el viaje como dormir hasta las doce— y el dinero. Lo tienes desarrollado en cómo elegir compañeros de viaje.
El dinero, que es donde se rompe todo
En un Erasmus conviven presupuestos muy distintos en el mismo grupo, y nadie lo dice en voz alta porque da vergüenza. Así que se acaba cenando donde no puedes permitírtelo, o te quedas fuera de planes sin explicar por qué.
Dilo antes de reservar nada. Una frase basta: "yo voy con cincuenta al día, decidme si os cuadra". Es incomodísimo durante diez segundos y te ahorra seis días de tensión. Está contado en viajar en grupo con presupuestos distintos.
Tres trampas concretas del Erasmus:
- El vuelo de las 6:20 que sale baratísimo. Súmale el taxi al aeropuerto a las cuatro de la mañana, porque no hay transporte público, y deja de ser barato. Hazlo entre cuatro y a veces sigue compensando; solo, casi nunca.
- El aeropuerto que no está en la ciudad. Muchos vuelos baratos aterrizan a hora y media en autobús. Mira eso antes de comparar precios.
- Quien adelanta el dinero acaba perdiendo. Alguien reserva el apartamento, otro los billetes, y a la vuelta nadie se acuerda de cuánto era. Apuntadlo desde el primer café: cómo repartir los gastos de un viaje en grupo.
Cuántos: cuatro o cinco, no doce
La tentación es apuntar a todo el piso y a los del piso de al lado. Con doce personas no hay viaje: hay tres grupos discutiendo el plan del día, y una persona que se siente fuera.
Entre cuatro y seis se decide hablando en vez de votando, cabéis en un coche y en una mesa, y se encuentra alojamiento sin partirse en dos. Más detalle en cuántos sois en un viaje en grupo.
Aprovecha dónde estás, no dónde te gustaría estar
Esto es lo que más se desaprovecha. Si tu Erasmus es en Bolonia, tienes Florencia a media hora y Venecia a dos; si es en Cracovia, tienes media Europa central en autobús nocturno. Y sin embargo la mayoría se pasa el año hablando de un viaje a Islandia que nunca hace, con Eslovenia a cuatro horas.
Haz la lista de lo que tienes a menos de cuatro horas el primer mes, y ve tachando. Son los viajes que sí se hacen: baratos, de fin de semana, sin pedir vacaciones a nadie.
Y si te da miedo ir solo
Mucha gente de Erasmus acaba viajando sola sin haberlo planeado —porque el fin de semana que tú tienes libre los demás tienen examen— y descubre que le gusta. Si te lo estás planteando, cómo conocer gente viajando solo va de eso.
También pasa lo contrario: querer ir a algún sitio concreto y no encontrar a nadie de tu ciudad que pueda esa semana. Ahí lo que falta no son ganas, es gente con las mismas fechas.
En TravelMatch puedes proponer el viaje con destino y fechas y que se apunte quien pueda esos días, aunque no sea de tu universidad. Ves el perfil de cada persona antes de decidir, y con quien aceptas se abre un espacio con el itinerario, los gastos compartidos y el álbum. Es gratis. Y si lo que quieres son ideas de a dónde ir desde tu ciudad, en Inspiración hay itinerarios día a día por destino.
¿Te apuntas? Encuentra tu grupo en TravelMatch